Dicen que las crisis no son otra cosa que oportunidades de cambio.
Para parar, mirar alrededor y sacar cuentas de lo que estamos haciendo bien, y lo que es susceptible de ser modificado.
 
En los últimos días 2 sucesos han puesto bajo el foco 2 asuntos que para nada son novedosos, y que cíclicamente aparecen sobre el tapete de las discusiones sin que finalmente se produzcan demasiados cambios.
 
De un lado la relación de los médicos con la industria farmacéutica. 

 
El programa Salvados no ha hecho otra cosa que trasladar a la opinión pública las paradojas en ocasiones sonrojantes que se dan en la relación diaria entre médicos y representantes de las diferentes compañías farmacéuticas, que ya suponían debates en el ámbito médico y que ahora parece que se tornan más transparentes.


Tan interesante como el programa en sí (que pecó de las limitaciones en cuanto a tiempo y simplificación de los temas que supone el formato televisivo), han sido las opiniones que ha suscitado, incluidas enconadas e indignadas defensas de la integridad de los sanitarios, como si el hecho de negarlo fuese suficiente para que desapareciese el problema o, al menos, la discusión.

 
Cuando ya parecía que se enfriaban los ánimos, de nuevo en la blogosfera, pero en el ámbito local esta vez, ha surgido la polémica en esta ocasión entorno a un cursoofertado vía e-mail desde los Servicios Centrales de Osakidetza para toda la red de médicos. Las diferentes reacciones (Reflexiones, Cosas del Pac, Facebook, Ezagutza) no se han hecho esperar y quizá merezcan, como decíamos al inicio, pararnos y mirar.
 

Parece claro que debe ser revisado el papel de la industria farmacéutica en la formación continuada de los sanitarios, y replanteada la cuestión en cuanto a si esta debe quedar en sus manos de manera directa (visitas en los Centros de Salud o en los diversos servicios de ambulatorios y hospitales) e indirecta (patrocinio de cursos, charlas, conferencias, congresos…).
 
Sin eludir responsabilidades, ya que cada sanitario debe ser capaz de elegir de dónde o de quién obtiene la información para mantenerse actualizado, quizá la propia administración deba dar también un paso adelante en este asunto, regulando más eficazmente estas relaciones, y ofertando a los médicos alternativas formativas libres de intereses (mayor aprovechamiento de los farmacéuticos que trabajan en Osakidetza, dedicación de presupuesto que supla parcialmente al que aporta la industria).
 
En relación a la oferta de este curso, ha surgido también el 2º de los asuntos, el lugar de los Médicos de Familia no únicamente como generalistas sino también como expertos perfectamente competentes en muchos ámbitos.
 
 
Que sea un médico de otra especialidad el que “ilumine” sobre el manejo en Atención Primaria de esta u otras patologías, da a menudo la imagen de que no hay expertos entre los propios Médicos de Familia capaces de hacerlo, aun cuando parece estar sobradamente probado que no es así
 
Y por otro lado, y para acabar, el espejo de lo anterior: ¿Conocen los otros especialistas lo suficiente la Atención Primaria como para poder imaginar siquiera el manejo de las patologías desde esta? ¿Un mayor contacto con ella durante su etapa formativa podría ayudar a ir modificando estas posturas y prejuicios? 

 
Sólo una postura crítica en la revisión de lo cotidiano permitirá que lo que parecen crisis se conviertan en oportunidades de cambio.