Hace más de una década una pequeña revolución surgió entre los médicos de familia que no pasó desapercibida en los medios de comunicación, en los dirigentes sanitarios ni en los pacientes: era la reivindicación de más tiempo para poder atender con calidad a los pacientes en el sistema sanitario público.

El lema 10 minutos, qué menos, quería hacer visible la realidad de que los médicos de familia contábamos con menos de 10 minutos, 6.5 para ser exactos, de media, para atender la consulta de cada paciente.

Afortunadamente, algunos pacientes no requerían esos 6 minutos, como los de procesos leves autolimitados (catarro, diarrea, fiebre de 2 días …) que muchos no deberían  venir, o los que precisan una consulta administrativa o una preocupación de índole menor. Gracias a éstos podíamos atender con más minutos a los que lo necesitaban de verdad.

Eran tiempos en los que no se acreditaba para docencia un Centro de Salud si los médicos atendían a más de 35 pacientes por día, porque se consideraba imposible atender con calidad  si había más de esa cantidad cada día.

En la actualidad más del 40% de los Médicos de Familia atienden a más de 40 pacientes por día entre consultas presenciales, no presenciales, telefónicas, administrativas y avisos domiciliarios. Ya hay que tirar, en muchos casos, del tiempo personal y  familiar para dejar el trabajo terminado antes de ir a casa.

Esto se debe a muchas causas empezando por el navajazo que ha sufrido el sistema sanitario en el flanco de la Atención Primaria en forma de recortes. También la escasez de profesionales médicos dispuestos a ser médicos de familia, y más cosas. Pero me quiero centrar en esta ocasión en causas absolutamente clínicas, directamente conectadas con la relación médico paciente y la supuesta enfermedad que, como motivo de consulta, trae al paciente al Centro de Salud.

En relación al tiempo del profesional que consume, podríamos dividir las consultas en 3 grupos: las consultas de toda la vida, las únicas que existían cuando el que firma, hace unos 30 años, iniciaba su andadura profesional. Consultas por motivos casi siempre agudos como una fiebre de 3 semanas de evolución, una caída del cabello inexplicable, pérdida de peso, control de la glucemia, un hematoma, sospecha de alergia y así mil razones de consulta propias de cualquier hombre o mujer de toda edad y condición a los que se debería dedicar qué menos que 10  minutos para poder: entender el problema, dar una impresión al paciente de lo que tiene y cómo manejarlo, a la vez que consolidar una relación basada en la confianza que es clave en el proceso de curación.

A ello se ha añadido en la última década otros mil motivos de consulta, más o menos nuevos, que sólo requieren 2-3 minutos por consulta pero que, al ser tantos, consumen cerca de una hora diaria: la baja laboral, el parte de confirmación y el de alta, el certificado de dependencia, otro certificado de dependencia que el anterior me ha caducado, informe para la empresa de que estoy embarazada, y todo el mundo en torno a las recetas: éstas del especialista, éstas son del privado aunque ya sé que no le gusta hacerlas, esta nota de la farmacia que me dicen que no me pueden dar más si no lo actualiza…

Reproducción parcial de «La persistencia de la memoria», de Salvador Dalí

Pero lo más interesante y lo que por fin da explicación al título de este artículo es la aparición en consulta del médico de familia de situaciones que requieren ¡QUÉ MENOS! que 45 minutos de atención.

Serían, por ejemplo, el paciente anciano, que vive solo, que toma varias medicaciones y en el que  la integración de lo sanitario y lo social es la base de la calidad de vida, el paciente con pluripatología, por ejemplo, diabetes, hipertensión y problemas circulatorios, que toma una media de 6 medicamentos al día, unas 9 pastillas, que hay que asegurar no interaccionan negativamente entre ellas, que no se confunde el paciente al tomarlas y que la receta electrónica le facilite la vida a paciente y médico en vez de lo contrario.

Parecido es el paciente crónico complejo con el que tenemos el objetivo de evitar descompensaciones e ingresos hospitalarios. También la paciente con fibromialgia que acude desde su infierno de dolor, cansancio, insomnio y fallos de la memoria necesitando ser escuchada, entendida y ayudada a manejar sus recursos para intentar volver a ser quien era.

Está el paciente superviviente a un ingreso hospitalario que entró con 4 medicinas y sale con 6 y hay que ver cuáles son las mismas con distinto nombre, cuáles son nuevas, que no haya habido errores, contrastar lo que el paciente se ha enterado de las explicaciones del médico con la realidad del medicamento y por último actualizar la tarjeta electrónica para que en la farmacia no le den ni de más ni de menos porque lo que parecía medicación nueva era, en realidad, un genérico que ya le estaba dando su médico de familia. Y los pacientes que ya sólo pueden recibir cuidados paliativos y compasión, muchas veces siendo visitados en el domicilio.

En penúltimo lugar estaría la persona que ha perdido dolorosamente un ser querido, un familiar, un amigo o su mascota y que le está costando superarlo. Lo superan casi todos en 3 meses, unos en 5 minutos de consulta más Prozac a cascoporro otros con consulta de 45 minutos en las que poder expresar, llorar y recibir consuelo no farmacológico.

Y por no ser exhaustivo termino con el paciente mayor, sanote, al que no le quedan muchos años de vida y conviene ayudarle a plantear de manera anticipada cómo quiere que sea la parte previsible de su final de la vida: preferiría pasar en casa o en el hospital sus últimos días, que le pongan sonda para alimentarlo al final o no, que se alargue su vida o su calidad y a qué precio, es decir, ayudarle a expresar sus últimas voluntades.

Para los lectores ajenos a esta realidad, quizás les parezca que son muy pocos los pacientes de un cupo médico de 1500 personas los que precisen de 45 minutos pero es una cuestión matemática: por ejemplo, la diabetes tiene una prevalencia de 5% ¿cuántos casos hay en 1500?, la fibromialgia 3%, ¿ingresos?, ¿mayores de 70 años?

Otra cosa es que los médicos de familia, desbordados por los grupos uno y dos de pacientes, y por la agobiante accesibilidad en menos de 24 horas, no tengan forma humana de dedicar esos 45 minutos a quien quizá más lo necesite, pero deberían plantearse si, la claudicación que hacen, con todo el apoyo de las autoridades sanitarias, no les pasará factura para que dejen de ser , como son en la actualidad, el profesional mejor valorado por la ciudadanía.


Texto escrito por Rafa Gracia, con el apoyo y conocimiento de la JD de Osatzen.

Rafa es Médico de Familia, actualmente trabaja como Jefe de Estudios en la Unidad Docente Multiprofesional de Atención Familiar y Comunitaria de Álava. Ex-presidente y actual Secretario de Osatzen.